Este segundo reto consistía en hacer una receta de chocolate propuesta por una persona de otro blog y cuál fue nuestra sorpresa al ver la receta propuesta por el blog Sweet 180º que nos había tocado: ¡¿otro soufflé?! Qué coincidencia. En un principio pensamos que hubiéramos preferido haber hecho otra cosa para no repetir, pero al hacer los souffles nos alegramos muchísimo de que nos tocara. ¡¡¡Qué cosa más rica!!! Lo sentimos por Julia Child, pero estos de chocolate nos han gustado más, jajaja.
La receta la sacamos de un libro llamado 101 delicias de chocolate (regalo de una tía nuestra).
SOUFFLE DE CHOCOLATE

INGREDIENTES para unos 8 individuales
- 150 ml de nata para montar
- ½ cucharadita de café en polvo
- 140 gr. de chocolate negro troceado
- 2 cucharadas de coñac
- 3 huevos, separadas la clara de la yema
- La clara de 2 huevos
- 85 gr de azúcar
- Mantequilla y azúcar para untar en los moldes
- Azúcar glasé para decorar
PREPARACIÓN
Precalentar el horno a 200º
Poner la nata en un cazo y calentarla hasta que empiece a hervir. En ese momento lo apartamos del fuego y añadimos el café y el chocolate y removemos hasta que se derrita y sea una mezcla uniforme.

Añadir las yemas y el coñac y remover hasta que estén incorporados. Reservamos.

En un recipiente grande batimos las claras a punto de nieve (5 en total) y después añadimos el azúcar y volvemos a batir unos segundos para que se mezcle bien.

Añadir una cuarta parte de las claras al cazo donde teníamos la mezcla de chocolate anterior, movemos con movimientos amplios hasta que se junten y después añadimos el resto de claras y seguimos moviendo despacio hasta que sea una masa de color uniforme.


Untamos mantequilla en los moldes para soufflé y espolvoreamos azúcar. Los llenamos con la mezcla hasta un dedo por debajo del borde, y los metemos al horno a 200º calentando por arriba y abajo a media altura durante unos 18 minutos o hasta que veamos que se empiezan a dorar por arriba.


Lo mejor es que nada más salir del horno se espolvoree un poco de azúcar glase por encima y se coman calientes. Aunque los hemos probado también unas horas después de salir del horno y estaban ricos, pero no tanto como calentitos. Además, con el olor que se queda en la cocina al hornearlos no podréis aguantar.

















